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El vuelo del territorio

Fascículo 5 - Medio Ambiente

Artículo VI - 13 de mayo

Desde la nieve de las altas cumbres o desde los surgideros cársticos el agua afluye a los arroyos y ríos de Cantabria. Hacia el Duero por el Camesa, en un curso alto de meandros y charcas; hacia el Ebro en Campóo y la Vilga, retenido en el gran embalse o pantano de Campoo; hacia el Cantábrico por las distintas cuencas fluviales que de Cantabria salen al mar, además de los cursos sin salida al mar de Liendo y Matienzo.

A lo largo de miles de años, de millones de años los cursos de agua cántabros han modelado un variado paisaje y han dado a Cantabria espacios singulares. En unos casos por la amplitud y desarrollo de llamativas llanadas, que esponjan la montaña, en Cabuérniga y en Cabezón de la Sal, asociadas al Saja; en Iguña y Torrelavega, cinceladas por el Besaya, lo mismo que en Bárcena de Pie de Concha. En Castañeda, en Puente Viesgo y en Piélagos, labradas por el Pas el Pisueña, en Guriezo con el Agüera.

Son las "bárcenas" o vegas, que abren la montaña, que proporcionan las excepcionales, por escasas o infrecuentes, áreas llanas, de perfecta horizontalidad, amenazadas por el desbordamiento de los ríos que tienen en estas vegas su espacio natural de expansión cuando las aguas crecen. Las vegas son un componente destacado del territorio cántabro, producto del quehacer milenario de los ríos torrenciales. Aunque ocupan una parte menor de Cantabria constituyen las áreas de más intensa ocupación humana.

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